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Expedición Kayak de Mar en Magallanes (II PARTE)

Lunes, junio 22, 2015
Latitud 90
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Kayak-magallanes

Día 5 – 18 de abril ’12: 6:50 horas, levantada. Muchísimo viento durante la noche. Dormimos mal con tanto ruido que generaba el viento sobre el bosque que nos cobijó. Permanece en esta isla una sensación total de abandono.

A las 9:20 horas estamos en el agua, vamos hacia Punta Marshall. El viento se desata una vez más y remamos cautelosamente. Al llegar a la punta y doblar hacia el este, sale el sol, buena recepción, pensamos que hemos pasado un punto clave en el recorrido. Creemos que no volveremos a tener vientos así de fuertes y arrachados. La punta Marshall es muy expuesta y nos recuerda una escena en el golfo Almirante Montt cuando regresábamos del fiordo de las Montañas en 1995.

Remamos hacia el Estero La Pera, todo muy bien, arcoiris y sol un rato hasta que se oscurece. Sube el viento hasta unos 30 nudos en la racha, graniza y nieva, hay 3.8°C. Juntamos los kayaks en algunas rachas para aguantarlas mejor y tratar de filmar un poco o registrar esos momentos. Ningún registro logra reflejar las condiciones en las que remamos. Cruzamos una angostura con muchísimo viento y granizos, continuamos hasta el final donde hay un galpón para refugiarse. La nieve de los cerros está en una cota bastante baja. Hemos avanzado 29 km. Vuelve a salir el sol, cae lluvia no sabemos de dónde. Estamos a los pies de los cerros Castillo de Dynevor y Diadema. El agua es color azúcar rubia, comemos snickers, intentamos secar ropa.

Cambio a ropa seca. Tomamos unas sopas y a las 16:00 horas iniciamos el traslado de los botes por el cuarto porteo, el más largo, cerca de 2 km. Nos demoramos 2.5 horas en llevar 4 botes vacíos y volver al campamento en el lado oeste. Giancarlo tiene su espalda en muy mal estado luego de este porteo. Desde aquí observamos la mítica isla Escarpada y la que será nuestra ruta de salida los próximos días. Comemos, escribo esto y a dormir, 20:00 horas.

Día 6 – 19 de abril ’12: Llovió buena parte de la noche, levantada 6:30 horas. A las 8:30horas partimos a pie con las primeras cargas, tras unos cuantos viajes, estamos todos y todo al otro lado en donde hay cisnes de cuellos negro.

10:30 horas. Estamos remando en el Seno Skyring, donde el viento famoso, recién se manifiesta como unas rachas aisladas, a poco andar vemos una salmonera perdida en las nieblas de la mañana. El viento sube rápidamente a 25 nudos y nos vamos sin parar, muy rápido y algo tensos. Una vez dentro de la bahía nos proponemos buscar un buen “campground” por lo que remamos cerca de la orilla, de pronto pasto y la Giancarlo avisa !una rancha¡ , damos la vuelta y hay un campamento “idílico”: pastos planos, buena playa y protección del viento.

La navegación no fue fácil, remamos 22 km con rachas muy duras, olas pronunciadas y con rompientes. Nuevamente decidimos no ir a un atractivo, la isla Escarpada, la que vemos muy de cerca, pero prudentemente no cruzamos a ella.

Armamos, sale el sol (segunda vez en todo el viaje), secamos equipo y estamos eufóricos. De pronto llega “el hombre” de la rancha, habla incomprensible, se llama José Oyarzo Andrade y es jubilado, se declara descendiente de español y lleva 25 años por aquí. Luego sabemos que era el compañero de la famosa Fresia Alessandri, una de las últimas kaweshkar que quedaban por estas latitudes.

Comemos, hablamos y a eso de las 20:30 horas estamos durmiendo. Llueve gran parte de la noche. Menos mal los sacos y ropa básica están secos.

Día 7 – 20 de abril ’12: 7:00 horas. (Siempre estamos tomando desayuno a la mejor hora para remar, cuando no hay viento) Despertada, café con chocolate, quaker y a las 9:30 horas estamos remando rumbo a Río Pérez, nuestro último y final destino.

Cruzamos un “mini” porteo en Península Guzmán para salir hacia Punta Rebolledo, luego Punta Eulogio y Punta Malogro para finalmente alcanzar Río Pérez.

Punta Eulogio tiene una rompiente de terror, no se sabe si es un barco desmembrado por el tiempo, focas gigantes o rocas por doquier, cruzamos por la mitad en medio de un enjambre de olas.

Paramos en la puntilla a disfrutar del sol, que ya empieza a ser más frecuente, a sacar fotos algunos y a corretear como niños otros. Todos eufóricos con la sensación de haber vencido el último escollo importante de la expedición. Pero no iba a ser así, 30 nudos de viento por lo menos, olas enormes y para variar 4°C. Le damos con harto nervio hasta que vemos las casas de Río Pérez y capeando olas y rachas con algo de miedo. En este mismo tramo a Giancarlo una ola le cruza el bote y choca  en medio del enjambre de viento y olas.

Guayo propone que  busquemos la desembocadura del “Pérez” y entramos por ahí, pero al llegar resulta que la barra es dura y con olas rompiendo, obviamente que nos rompen encima y casi nos vuelcan al final del viaje. Pasamos la barra y el río tiene corriente, remontamos con dificultad hasta que terminamos remando para cruzarlo hacia una pampa de pasto junto a unas casas de estacia.

Hemos llegado un día antes de lo presupuestado. Como una maldición este día ya casi no llueve y las nubes se disipan por lo que vemos hacia atrás el hermoso paisaje desde donde venimos, destacando los cerros Cráter, Castillo de Dynevor y Diadema. El último día de navegación hemos recorrido 16 km.

Abrimos la caja con el teléfono satelital para ver si nos vienen a buscar hoy y no pueden. Armamos campamento y a secarlo todo se ha dicho, nos pasamos la tarde en eso. Las rejas de la estancia se cubren de prendas húmedas o empapadas con agua de mar y de lluvia. No vemos a nadie, la estancia está desierta. Llegan dos tipos del censo en camioneta a preguntarnos si llevamos más de 12 meses de residencia en el lugar. Los mandamos a censar a José Oyarzo que lleva 25 años y está a 5 horas a pie. Ya a las 19:00 horas no hay nada más que hacer salvo tomar fotografías de un lindo aterdecer.

Decidimos leer y revisar esta bitácora; se establecen los siguientes corolarios:
1ª ley básica del piragüismo clásico: no se aleje de la orilla = falló: hicimos unas guatas enormes buscando la cercanía y al final siempre nos íbamos a medio canal.

 

Día 8 – 21 de abril ’12: Como es habitual, prendemos anafe a eso de las 6:50 horas, hay 0°C y rápidamente los expedicionarios salen de las carpas en búsqueda de un café caliente y recién hecho.

Hacemos fuego para mejorar la condición. Empezamos a desarmar el campamento y trasladar botes y cosas al puente donde llegará el auto, que por lo demás es el fin del camino público.

Muy puntualmente, a las 9:50 horas llega la Van a buscarnos. En una hora tenemos los botes forrados en cartón, puestos en la parrilla y nos vamos a Punta Arenas, admirando con recogimiento el lugar que estamos dejando atrás que hoy luce completamente despejado y las pampas de la Patagonia brillan con las hermosas luces de la mañana, un amanecer prolongado que ilumina los piños de ovejas junto al mar.

Al cabo de unos kilómetros aparece la señal de teléfono celular y empezamos a llamar a los nuestros. Emociones, alegría y tranquilidad por ambos lados. La conversación más notable es la de Guayo con una de sus hijas quien le pregunta “papá viste ballenas?, no. ¿Viste delfines o toninas?, no. ¿Viste algún pingüino?, no… ¿Pero entonces algún glaciar o remaste entre los hielos? No tampoco….¿pero entonces papá, a qué fuiste?”.

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